Me vuelven loco las bragas de mi vecina (5)

Escrito por Golfo en Madrid

-Arrodíllate antes que me arrepienta- me exigió abriendo todavía más sus rollizos muslos.

Ni que decir tiene que obedecí. Hincando mis rodillas, me acerqué hasta donde permanecía sentada esa maldita muchacha y hundiendo mi cara entre sus jamones, boqueé de placer al aspirar el dulzor que manaba de su coño.

-¡Qué maravilla!- bramé como un toro al verme dominado por la lujuria que me producía ese olor.

Nuevamente esa guarra me sorprendió porque al observar el brutal deseo que me tenía atenazado decidió forzar mi entrega, acariciando su coño sobre sus bragas.

Si ya eso era mucho más de lo que nunca había imaginado, de pronto escuché que esa chantajista se empapando de flujo su ropa interior. Lo que tampoco me esperaba fue que todavía con la respiración entrecortada por el placer mi vecina me dijera:

-¿Te gusta mi tanga?

Solo pude contestar con la cabeza.

-¿Lo quieres? Son otros doscientos euros.

Ni siquiera lo pensé porque sabía que jamás iba a tener la oportunidad de disfrutar de unas bragas como aquellas, recién quitadas y todavía empapadas por el placer de su dueña. Por ello, sacando de nuevo mi billetera, pague ese descarado chantaje sin rechistar.

Os confieso que estuve a punto de correrme cuando tras contar los billetes, ese putón desorejado puso en mis manos ese tanga totalmente impregnado de su placer. Ni siquiera sé cómo o cuando salió de mi apartamento porque directamente me puse a disfrutar de ese soberbio tesoro antes que se secara.

Nada de lo que había vivido hasta entonces se puede comparar a lo que sentí al saborear con mi lengua el tacto gelatinoso de su corrida mientras atiborraba mis papilas olfativas con el agridulce aroma su flujo…

 

Esa no fue la primera pero no la última vez que le compré unas bragas porque a partir de ese día esa bruja venía a casa de vez en cuando a masturbarse y a continuación tentarme con sus bragas. Es más Anita se acostumbró tanto a mi fetiche que terminó contagiándose y por ello no tardó en exigirme como pago que le diera mis propios calzoncillos llenos de semen.

Actualmente, esa veinteañera ha desaparecido de mi vida pero gracias a lo que me enseñó ya no voy robando bragas por ahí sino que las compro y más desde que descubrí que en la web www.enjoymypanties.com puedo hacerme con las de otros bombones que sin ser conocidos, son igualmente irresistibles…